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¿Por qué es importante el sueño en el desarrollo del bebé?

El bebé inicia el hábito del sueño antes de nacer, sobre los 7 meses de embarazo. Cuando nace el bebé necesitará entre 15 y 18 horas de sueño en los primeros meses y su estructura del sueño será diferente a la de un niño o un adulto. Por ejemplo, la fase REM es más larga en los bebés de menos de 2 años, durando casi el 50% del total del sueño efectivo, mientras que en un adulto la fase REM con suerte será del 25%. La etapa REM es crucial para el desarrollo cognitivo y neuronal, mientras que las fases de onda lenta (sueño profundo) se relacionan con la regeneración celular y la recuperación física.

No obstante estas fases no son continuas sino que mantiene ciclos de entrada y salida de fase llegándose a registrar entorno a 5-6 fases diarias en un bebé. La fase REM también se llama sueño paragógico porque pese a ser muy activa y parecer profunda cualquier estresor o perturbación puede sacar al bebé rápidamente del REM, perdiendo cuanto menos un 20% del desarrollo cognitivo programado para esa noche.

Por otro lado la regeneración celular (física) y el crecimiento sucede en mayor medida en el resto de fases, siendo la hormona del crecimiento uno de los mayores inductores de la reproducción celular dando una señal (pulso) claramente legible tras la primera hora de sueño. Es clave por tanto que el bebé mantenga una hora seguida con la calidad de sueño correcta para que aparezca el evento aquí descrito.

Dormir correctamente permite al bebé regular el ritmo circadiano que mantendrá para toda su vida, algo que será clave y que más tarde permitirá al niño crecer físicamente y cognitivamente. Se ha demostrado que privados de fase REM los niños aumentan notablemente el nivel de ansiedad, agresividad, falta de rendimiento y memoria. También se ha demostrado que los trastornos del sueño afectan gravemente al sistema endocrino, lo que puede provocar trastornos en la alimentación pudiendo derivar en obesidad infantil, APNEA del sueño e hiperactividad. Así mismo, los trastornos o problemas de sueño cuando llegan a la pre adolescencia y adolescencia potencian la aparición del trastorno bipolar, abuso de sustancias, depresión y trastornos alimenticios.

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