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El sueño del bebé

Velamos por la importancia, la calidad y la seguridad del sueño
de todos los bebés del mundo.

El momento en el que necesitamos el mejor colchón de todo nuestra vida es cuando somos bebés

El sueño es una fase clave en el desarrollo del bebé durante los primeros meses de vida. Su cerebro, sistema nervioso central, pulmones y sistema termorregulador todavía no están plenamente desarrollados y son muy sensibles al ambiente. Durante esta etapa, en la que el bebé va a pasar hasta un 70% de su vida durmiendo, es clave se encuentre entorno seguro para su descanso.

La importancia del sueño del bebé para su correcto desarrollo

Cuando un bebé cumple dos años, se ha pasado más de trece meses durmiendo. La naturaleza le dedica mucho tiempo al sueño por una razón: es fundamental para el desarrollo cognitivo y para el desarrollo del sistema nervioso central, que es impresionante durante los primeros meses de vida. A diferencia del resto de mamíferos, que ya nacen con el cerebro desarrollado completamente, el ser humano es la única especie cuyo desarrollo cerebral es perinatal: una parte antes de nacer y una parte fundamental después de nacer.

Es importante respetar el ritmo biológico de nuestro bebé

El sueño y la alimentación van de la mano, de tal manera que si la alimentación de lactancia materna es a demanda, el sueño debería ser a demanda. Si no respetamos los ritmos biológicos del bebé, generamos lo que se conoce como crono-disrupción. Es decir, obligamos al bebé a pelearse con su reloj biológico, lo cual eso tiene consecuencias para su desarrollo

El medio ambiente es fundamental para dormir

A partir de los seis meses, la manera en que duerme un bebé va a depender un sesenta por ciento del medio ambiente, y solo un cuarenta por ciento de la genética. Lo que hacemos como padres en relación con el sueño va a repercutir de manera importante en cómo aprenderá a dormir el bebé, y la manera en que a dormir durante los primeros tres años de vida va a ser prácticamente la misma que la que tendrá en su vida adulta. El papel educativo de los padres y madres durante los primeros años es capital para conseguir una calidad de descanso y por tanto un calidad de vida en el adulto.

Establecimiento de rutinas horarias

A partir de los seis meses tenemos que empezar a establecer unas rutinas, fundamentalmente de horarios. Sabemos que tiene tantas repercusiones cognitivas negativas el dormir poco como el dormir en horarios irregulares. Si acostamos y levantamos a los bebés rutinariamente con diferencias de más de una hora, esto va a tener repercusiones en su desarrollo cognitivo y conductual.

Conductas para propiciar el sueño

Dormimos en función de cómo vivimos. Para dormir bien tenemos que hacer que nuestros bebés estén al aire libre, que les dé la luz por las mañanas, y es muy importante que a última hora del día les ayudemos a desactivarse a través de juegos tranquilos y evitando la tecnología, que a través de la luz provoca que los bebés se despierten. A partir de los seis meses, por la mañana se recomientan juegos del siglo XXI, con toda la tecnología que queramos. A última hora juegos del siglo XIX, con poca tecnología.

Problemas y trastornos del sueño

Tenemos que distinguir entre lo que llamamos problemas con el sueño y trastornos del sueño. Los problemas son de origen conductual y educativo, tienen importantes consecuencias pero su origen es diferente. Los trastornos son enfermedades biológicas del sueño, retraso del ritmo circadiano, apneas del sueño, movimiento periódico de las piernas… tienen muchas veces las mismas consecuencias que los problemas del sueño pero requieren un enfoque distinto.

Consecuencias de la mala calidad del sueño

El 30% de los niños y niñas tienen algún tipo de problema o trastorno a lo largo de su desarrollo.

El síndrome de las piernas inquietas:

Los bebés afectados por este síndrome (un dos por ciento) notan unas sensaciones molestas, de manera que al colocarlos en el lugar de dormir se muestran inquietos y empiezan a mover las piernas porque les alivia la molestia. No se trata de que no quieran dormir, sino de que tienen una sensación desagradable y molesta en las piernas.

Problemas respiratorios con el sueño:

Un tres por ciento de los niños tienen problemas respiratorios del sueño, son bebés que roncan más de tres veces por semana durante más de tres semanas y sin estar constipados. Roncar significa que el aire tiene dificultades para entrar a nuestros pulmones. Esto supone que se oxigena menos nuestro cuerpo y nuestro cerebro. Cuando el bebé cae en un sueño profundo tiene problemas para respirar, a lo cual el cuerpo reacciona eligiendo un sueño menos profundo para estar alerta y oxigenarse. No dormir profundamente implica que no existe un sueño reparador y nos despertamos cansados.

Déficit de atención y cambios de estado de ánimo

Al bebé que no descansa le cuesta mucho mantener la atención en una cosa, se mueve mucho para no dormirse, cambia mucho de actividad. Cuando dormimos poco, perdemos también la capacidad para el buen humor, para controlar nuestros impulsos. Los niños y niñas con problemas de piernas inquietas, problemas respiratorios o a quienes les cuesta iniciar el sueño, forman ese treinta por ciento de niñ@s con problemas conductuales derivados de la falta de descanso y no de otra causas. Como padres o profesionales de salud sólo vemos lo que ocurre por el día, así que muchas veces ponemos tratamientos que no van a la causa real y que no solucionan el problema a la larga.

Autismo e hiperactividad

Aproximadamente un ochenta por ciento de niños y niñas con trastorno del espectro autista tienen problemas con el sueño, y sabemos que a más problemas con el sueño más problemas con la expresión del lenguaje y el juego social, que es el gran problema de los niños y niñas autistas. La dopamina tiene mucho que ver con cómo dormimos. Muchos niños diagnosticados de TDH tienen también problemas del sueño, pero es que muchos niños y niñas con problemas del sueño dan síntomas parecidos a los del TDH. En el diagnóstico diferencial por hiperactividad debemos siempre investigar qué ocurre: cuántas horas duerme, cómo duerme y en qué momento del día duerme. Arco horario, regularidad y calidad del sueño son factores fundamentales.

Conclusión: La primera infancia es crucial

Tenemos como una ventana de posibilidad de tratamiento para evitar que tenga consecuencias definitivas a lo largo de toda la vida: la primera infancia. Lo que hagamos en ese periodo va a condicionar mucho la salud de estas personas como adultos. Cuando estudiamos a una persona con trastornos respiratorios (apneas) e indagamos hacia atrás, un grandísimo porcentaje ya lo tenía en la infancia. Y es que nuestra cara se desarrolla en los primeros años en función de cómo respiramos y comemos. Si respiramos con dificultad, nuestra cara se va deformando de tal manera que favorece la persistencia en el adulto de esos problemas de respiración.